La historia del pescador y la sirena,(Segunda parte).




La historia del  pescador y la sirena, (Segunda parte).
















     Pasaron unos años, Andrés seguía yendo a pescar, era su forma de vida, nunca se pudo quitarse  de la cabeza aquel encuentro con aquella sirena, que le dejo su corazón huérfano para siempre.

     Andrés se encontraba algo deprimido, perdido,  aquel optimismo que siempre le acompañaba en todo lo que hacia en su vida se  había  ido  para siempre,  incluso sus compañeros pescadores que se encontraban en una vieja tasca próxima al mismo muelle,  donde se reunían,  le preguntaban que le pasaba,  y el se callaba no refería sus razones reales, creo que no se la hubiesen creído simplemente.
y el seguía su camino, con sus recuerdos como compañera, eso es lo que vivía día tras día.

     Una tarde salio a faenar, con su barco de siempre, a la vuelta se le hizo la noche, el cielo y el mar era ya una misma cosa, y el pequeño faro creaba un túnel de luz, Andrés se percató de la existencia de un remolino en las aguas, y como de la superficie del mar,  emergía lo que parecía un pez de gran tamaño, paro el barco, miro con mas atención, y su cuerpo dio un vuelco, era aquel ser que un día le dejo marcado para siempre, nadaba dando círculos a la embarcación, la cara de Andrés era de felicidad, y creyó estar en el cielo.

     La había encontrado, intentó comunicarse con su sirena, y se efectuó una  comunicación visual que bien no, bastaron palabras, para saber que ambos seguirían unidos para siempre. Dos corazones encontrados, Andrés la cogió de la mano y la sentó en la cubierta del barco, Andrés era consiente de la realidad que estaba viviendo, era en ese momento parte de una historia mítica que alguna vez se contó de sirenas y como estas cautivaban a los marineros  y navegantes, y el con fortuna la estaba viviendo.

     Andrés acaricio el cabello de ella, y la miro, y puede que existiera telepatía, porque sin cruzar ninguna palabra,  entendían pensamientos y sentimientos uno del otro.

     Salvado este gran problema,  ella le dijo, que era muy afortunada de haberlo conocido, que venia de un lugar lejano, que se encontraba en las profundidades del océano, donde sus habitantes, eran seres marinos, que vivían en cuevas , y que era una sociedad, estricta, y que ella tenía prohibido comunicarse con los humanos, tan solo podía hacerlo con animales como las ballenas, o delfines, que   en gran medida, su organismos era muy parecido al de los mismos y que estos le refererian la preocupación de todo lo malo que le acontecía a los mares, ellos recorrían grandes distancias, y comprobaban como existía rutas que ya no podían hacer por aguas contaminadas.

      Andrés era todo oídos sin escuchar palabra alguna, el mar en calma ella reflejaba un resplandor, que iluminaba las sombras del barco.

      Andrés le dijo a ella nuestra sirena,  que el al principio de verla la primera vez se asustó, porque los humanos no podemos entender lo que sale de lo cotidiano, de las partidas de cartas de todos los días, y del café, y la copa de coñac, y poco mas, que la existencia de los pescadores eran muy difícil todo el día faenando de sol a sol, y al terminar  ya agotados,   a la tasca a tomar una copa   y a estar con los amigos, y luego a descansar, puede que te parezca una vida monótona y pobre,  pero créeme,  que la propia existencia tiene limites, y las fuerzas al terminar el día fallan.

     Nuestra sirena, le miro y le transmitió que no justificara su propia existencia, que la veía muy interesante, que todos eramos parte de un mismo dios, la madre naturaleza, que nos daba la vida, y que en el transcurso de la propia existencia,  nos derivaba y nos invitaba a desarrollar diferentes formas y cometidos, todos igualmente importantes y necesarias para la nuestras sociedades.

     Andrés le refirió que tenía razón, que eramos los eslabones de una cadena que sujetaba el mundo.

Nuestra sirena sonrió, como lo hacen las sirenas, y el movió la cabeza de arriba a bajo, y también le envió una sonrisa.

     Nuestra sirena le indicó que tenía que volver,  ya que las corrientes marinas, se hacían muy fuertes en las profundidades del mar y que volverían a encontrarse,  ya  a esa altura  Andrés se encontraba estaciado y embriagado, por la tremenda belleza de este ser,   que iluminaba con su presencia aquella oscuridad, y ambos se emplazaron a otro encuentro.

     Andrés la cogió del brazo,  y la ayudo a salir del barco,  nuestra sirena se deslizaba y al llegar al borde se lanzo,  desapareciendo en un movimiento entre espumas  y  olas, quizás te interese  la  primera  parte  del  relato si no lo  has  leído  aun.

     En ese momento,  Andrés sintió perder nuevamente parte de si mismo, y por su cara recorrió una lagrima, que con sus manos rudas arrastró por sus mejillas, estaba lleno de temor todo aquello era muy difícil de afrontar, pero su corazón latía con mas fuerza.

     Andrés  miro las estrellas, con sus constelaciones, como hacia tantas veces que se encontraba perdido de si mismo, aquellas que fueron tantas veces compañeras de viajes difíciles, y que les oriento en temporales, como los que estaba viviendo en esos momentos, y como siempre Andrés encontró el camino de vuelta, pero sin dejar un momento de pensar en ella, su sirena, y por un momento sintió envidia de los peces, quiso ir con ella.   (Continuará).

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